El enfoque tradicional de e-learning ha consistido en emplear un entorno de aprendizaje virtual (aulas o plataformas) estructurado en módulos y lecciones, con el apoyo de ejercicios de evaluación y discusiones. “El contenido está organizado de acuerdo a este modelo tradicional y entregado por completo, ya sea en línea o en relación con el más tradicional de los seminarios, a las cohortes de estudiantes, dirigido por un instructor, después de un determinado plan de estudios para ser completado en un determinado ritmo” (Downes, 2005). El e-learning 2.0 combina el uso de las aulas virtuales con herramientas complementarias y servicios web tales como blogs, wikis y otros programas sociales para apoyar la creación de comunidades de aprendizaje.

 Si bien no deja de ser válido organizar cursos online mediante un diseño instruccional en módulos de aprendizaje,  el uso de herramientas de la Web 2.0 dentro y fuera de la plataforma fortalece las competencias digitales de los aprendices para usarlas adecuadamente según sus contextos y necesidades más allá del plan de estudios concretoo. De esta manera, no todo debe “suceder en la plataforma”, sino complementado con el uso de servicios web que expandan las herramientas del aula virtual.

No obstante, para involucrar a adultos que generalmente son “inmigrantes digitales” en este tipo de tecnologías, recomendamos acotar la cantidad de herramientas utilizadas y seleccionar aquellas que sean sencillas y estables, de uso extendido y probado, para no generar frustraciones y estimular así la continuidad de su uso. El desafío consiste en ayudarlos a continuar aprendiendo y construyendo conocimiento a través de los blogs, las wikis, las redes sociales, la lectura de feeds, etc. pero no saturar ni confundir a los alumnos. Si se da un proceso de empoderamiento digital, ellos continuarán realizando estas actividades más allá del aula virtual de un curso en particular.

En el aprendizaje en red colaborativo aplicado a la educación a distancia se rompe el modelo centrado en el profesor o el experto en un determinado contenido. Los diálogos de aprendizaje y la colaboración se dan no sólo entre tutor y alumno, sino también entre los alumnos. “Los propios alumnos empiezan a manejar muchos -y, en algunos casos, todos- los aspectos de la experiencia de aprendizaje, incluida la creación, la co-creación y el aprovechamiento compartido de conocimientos fundamentales” (Cobb, 2008).. Por lo tanto, en este apartado hablaremos tanto del rol del tutor como del alumno en educación a distancia.

En un sistema tutorial colaborativo el tutor es un animador de comunidades de aprendizaje. No se trata ni de autoprendizaje de parte del alumno ni de enseñanza unidireccional de parte del tutor, sino de aprendizaje colaborativo, en donde es necesario ayudar al estudiante a desarrollar criterios y prioridades en el manejo de la sobre abundancia de información que encontrará en la red.

El tutor en la Web 2.0 “crea espacios en los que el conocimiento puede ser creado, explorado, y conectado” (Siemens). De director de grupos pasa a ser un coordinador o moderador de comunidades. Está menos preocupado por los contenidos a impartir que por las herramientas y metodologías que facilitan la construcción del conocimiento.
Ayuda a los participantes a dejar de ser oyentes pasivos y convertirse en agentes activos de conocimiento. El aprendizaje en red es cada vez más una conversación estructurada, organizada para aprovechar aportes de conocimiento grupales.

El educador en general, y especialmente el tutor en educación a distancia, se convierte en un “administrador de red, alguien que, en lugar de dispensar conocimiento experto, facilita las conexiones que llevan al logro de los objetivos de aprendizaje” (Cobb, 2008). Ayuda a los alumnos a adquirir las habilidades que  se requieren para la construcción de redes del aprendizaje, así como evaluar su pertinencia y eficacia con sentido crítico.

En un modelo más centrado en el alumno, aumenta necesariamente la responsabilidad del mismo en el proceso. Es importante alentarlo a explorar sus propios intereses, en lugar de asimilar un conjunto de contenidos estáticos.
Tanto o más importante que los contenidos son las conversaciones e interacciones que ayudan al estudiante a tejer redes.

El aprendizaje en red se caracteriza por un mayor énfasis en colaborar y compartir contenidos abiertos. No solamente es necesario “tener” el conocimiento sino que es fundamental compartirlo para valorizarlo. Pero esto implica desafíos para el alumno. Quizás el principal es el manejo de la ansiedad causada por la sobreinformación que abunda en la red. Se busca, entonces, no la acumulación sin sentido de fuentes de información, sino que el estudiante pueda establecer conexiones relevantes entre distintos tipos de conocimiento. ¿Cómo y qué evaluar en estos procesos formativos cuando hay tanta información y tan fácilmente accesible? Es imposible exigir memorización de contenidos o evitar la consulta constante de fuentes y materiales. En este nuevo entorno la práctica del “copy-paste” no está por fuera de la ética. Hay que evaluar la maduración de los criterios de los estudiantes para manejar información, su capacidad para encontrar y seleccionar información y ayudarlos a reflexionar sobre la eficacia de
sus redes.

Si bien el aprendizaje en red no clausura otras modalidades de aprendizaje en línea más tradicionales, la magnitud de los cambios en la Web hace cada vez más necesario que se “aprenda a aprender”, tratando de motivar el cambio cultural y el empoderamiento digital para que alumnos sean actores clave de su formación, se apropien de la Web 2.0 y la utilicen de manera activa, crítica y acorde a sus objetivos.